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5 fases de las rabietas: Todos los niños las sufren


Redacción Agencias | 11/24/2017, 2:44 p.m.
5 fases de las rabietas: Todos los niños las sufren

En el período de los 2 a los 3 años casi todos los pequeños (algo más los niños que las niñas) tienen rabietas. Algunos, varias al día; otros, una por semana. En unos casos duran pocos minutos, en otros se alargan durante horas. Así que, si vuestro hijo está en esta edad, os toca armaros de paciencia y centraros en los aspectos positivos que las rabietas tienen para él, porque no vais a poder impedir que aparezcan. Sin embargo, esto no significa que no se pueda disminuir su frecuencia. Para conseguirlo, evitad que el niño llegue a estar agotado o sobreestimulado (esto merma su capacidad de aguante), no le llevéis a la compra o de visita cuando tenga sueño, sed flexibles en asuntos sin importancia y firmes y claros en los importantes... Y cuando, a pesar de estas medidas, la rabieta haga su aparición, seguid los siguientes pasos para afrontarla en cada fase. Reaccionar de la forma adecuada contribuirá a que la situación sea más fácil de llevar para todos.

Fase 1: Primeras señales

Justo antes de que comience el berrinche, el niño muestra una respiración acelerada y suele mantener los puños cerrados. Empieza a dar señales de nerviosismo y a poner cara de pocos amigos. Qué hacer: Intentad tranquilizarle hablándole con calma, sin dar demasiada importancia a la situación, o desviad su atención hacia algo que suela interesarle. Esta última pauta suele funcionar bien con niños de dos años, porque a esta edad su memoria es todavía bastante corta.

Fase 2: El momento del 'No'

Comienza la rabieta. El pequeño empieza a llorar y a gritar. La palabra más habitual en este momento es ‘NO’, una clara muestra de que la razón de que proteste es que lo que debe hacer (o dejar de hacer) no le gusta. Qué hacer: Llevadle a un entorno diferente, dadle algo de beber, seguid intentando desviar su atención diciéndole algo que le sorprenda... Y si lo que le ha enfadado es algo que se siente incapaz de realizar, como apilar bloques en una torre, ayudadle (no lo hagáis por él) hablándole con calma.

Fase 3: El punto álgido

La rabieta ya es imparable: el niño se tira al suelo, da patadas, grita y llora fuerte. Está hecho una furia, la parte emocional de su cerebro es la que manda ahora, por eso es incapaz de atender a razones. Algunos pequeños, en este momento tiran objetos, destrozan lo que tienen entre manos o se dan cabezazos contra el suelo. Qué hacer: Ya no es posible intervenir, permitid que se desahogue y que la rabieta siga su curso (vigilad que no se haga daño). Mantened la calma, para no añadir más emociones a las suyas, y no intentéis razonar con él, solo permaneced a su lado. Si muestra comportamientos destructivos, abrazadle fuerte para frenarlos. En caso de que se autolesione, dadle un cojín y decidle que lo golpee con sus puños: es una alternativa para su necesidad de golpear como expresión de rabia (que en sí no es algo negativo).

Fase 4: El principio del fin

La rabieta empieza a remitir, el niño solloza y quizá busque consuelo (vivir una rabieta le atemoriza mucho). Qué hacer: Es momento de traducir sus emociones en palabras, como: "sí, cariño, estabas muy enfadado… pero ahora ya ha pasado". No dejéis de acogerle cuando busque consuelo, lo necesita.

Fase 5: Vuelta a la calma

El niño vuelve a estar como si no hubiera pasado nada, tranquilo y relajado... hasta la siguiente rabieta. Qué hacer: Evitad criticarle, las rabietas son algo normal y os ayudan a enseñarle normas. Pero no cedáis ante ellas o aumentarán porque vuestro hijo recurrirá a ellas para conseguir lo que quiere.