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Diez cosas que impides hacer a tus hijos y que están bien


Redacción Agencias | 5/16/2017, noon
Diez cosas que impides hacer a tus hijos y que están bien
Rayar las paredes es una actividad que los niños hacen para liberar su creatividad. Déjalos | Foto Cortesía

Si bien las emociones infantiles son menos elaboradas que las nuestras, menospreciarlas es un grave error que muchas veces los padres cometen. En las reacciones de los niños vemos solo la superficie y como las pequeñas personas que son, debajo de las mismas pueden esconderse sentimientos más recónditos que los adultos no sabemos traducir.

No se trata de ser condescendientes ante un comportamiento inusual, sino de entender los porqués de fondo. Con todo, lo fácil es quedarse solo en la reprimenda, que puede convertir el conflicto que el pequeño está sufriendo en una experiencia, si cabe, aún más frustrante. Comprender qué ocurre de verdad ante ciertas manifestaciones de los niños nos llevará también a los mayores a responder de manera proactiva y con más compasión.

No poder manejar los impulsos

El desarrollo del autocontrol es un proceso particularmente largo. No alcanza su madurez hasta el final de la adolescencia y gran parte de los adultos no llega tampoco a gobernarlo con destreza.

Un estudio del pasado año demostró que los padres suelen sobrestimar las capacidades de sus vástagos. Ello puede conducir a que les estén pidiendo a los pequeños actos inalcanzables. Un niño, por ejemplo, no conseguirá refrenar el impulso de realizar una prohibición explícita hasta una edad aproximada de cuatro años.

Sobreestimulación

Cuando éramos niños después de llegar del colegio solíamos disponer de varias horas para nuestro asueto o incluso para aburrirnos sin que nadie nos lo reprochara. Como los adultos, los más jóvenes de la casa necesitan momentos de descanso.

Diversos frentes reivindican la necesidad de mayor reposo para ellos frente al excesivo tiempo que pasan entre colegios, deberes y actividades extraescolares. La sobreestimulación tiene consecuencias que se deben tener muy en cuenta y que se manifiestan a veces en irritabilidad, hiperactividad o colapsos inesperados.

Necesidades fundamentales

En los adultos, un fuerte enfado suele ser una consecuencia de todo un proceso, en los niños, sobre todo en los más pequeños, ciertos berrinches pueden ser, incluso, el único modo que tienen de comunicar un malestar.

Muchas rabietas pueden tener como fondo hambre, sueño, cansancio, sed o enfermedad. Es fácil para nosotros colmar esas necesidades básicas con nuestros medios o pidiéndo el favor a otra persona con cortesía, pero hay que entender que algunos niños no disponen todavía de tales herramientas.

Expresión de sentimientos intensos

Según vamos creciendo, vamos aprendiendo a domar, relegar u ocultar nuestros sentimientos. No podemos pedir a los niños que sepan ya desde la tierna infancia cómo llevar a cabo un proceso psicológico tan complejo. Especialistas como la psicóloga infantil Janet Lansbury recomiendan que ante situaciones de grandes gritos o lloros por una fuerte emoción se permita que el sentimiento emane, no castigando jamás al niño por algo semejante.

Necesidad de moverse

La infancia es un periodo de experimentación con las propias capacidades del cuerpo. A los adultos la actividad inagotable de los niños nos puede irritar sobremanera, pero imaginemos lo que puede ser para ellos verse encerrado entre las cuatro paredes de la casa contra su necesidad de dar rienda suelta a su energía. Si las carreras, las bicicletas o los patines forman parte de la infancia es que hay algo detrás.